Salieron de la boutique con varias bolsas más —incluyendo el vestido rosa que Alessandro pagó sin permitir una sola protesta adicional— y continuaron el paseo hacia la plaza central del centro comercial. Audrey aún caminaba en una especie de trance, consciente de que Alessandro no se había alejado más de un paso de ella desde que salió del probador.
De repente, una voz masculina y familiar rompió la burbuja de tensión.
—¿Audrey? ¿De verdad eres tú?
Ella se detuvo en seco. Frente a ellos estaba