El trayecto de regreso a la mansión fue un borrón de luces urbanas y una presión asfixiante en el pecho. Al cruzar el umbral, el silencio sepulcral de la casa le dio la primera respuesta: el deportivo negro no estaba en la entrada. Alessandro se había marchado a la oficina tras el altercado matutino. Audrey soltó un suspiro de alivio que le dolió en los pulmones; no estaba lista para enfrentarse a su mirada de acero después de haber sido humillada en la casa que alguna vez llamó hogar.
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