El almuerzo en el exclusivo club de la zona financiera era lo último que Alessandro deseaba ese día, pero la insistencia de Marcus, su socio y único amigo lo suficientemente audaz para contradecirlo, lo había arrastrado fuera de su cueva de cristal. Marcus era el polo opuesto de Alessandro, perspicaz, mundano y peligrosamente intuitivo.
—Entonces... ¿me vas a contar cómo es que tienes ahora dos pequeñas réplicas corriendo por su mansión? —preguntó el rubio, pinchando una ensalada con un aire d