La fiesta seguía vibrando bajo la carpa de cristal, pero para Alessandro y Audrey, el mundo exterior había empezado a desvanecerse en un segundo plano borroso. Tras el último baile y los brindis finales, llegó el momento de la partida. La despedida fue una mezcla de risas, abrazos apretados y alguna que otra lágrima de nostalgia anticipada.
—Pórtense bien con el tío Marcus, ¿entendido? —advirtió Alessandro, agachándose para quedar a la altura de los gemelos, quienes lucían algo desaliñados por