El atelier de novias era un santuario de seda, tul y un silencio reverencial que solo se veía interrumpido por el suave roce de las perchas. Audrey se encontraba tras las pesadas cortinas del probador, sintiendo una mezcla de ansiedad y vulnerabilidad. Habían pasado pocos meses desde el nacimiento de Maxwell, y aunque Alessandro le repetía cada mañana lo hermosa que era, ella no podía evitar mirarse al espejo y notar las nuevas curvas de su figura, la suavidad de un vientre que había albergado