—¿Por qué no sube? —preguntó Naomi, incapaz de ocultar por más tiempo su curiosidad.
Lydia llevaba un rato comportándose de forma extraña. Por más que Naomi le preguntaba qué le pasaba, Lydia nunca daba una respuesta clara. Siempre respondía con la misma sonrisa impecable, una que ocultaba más de lo que mostraba. En esa ocasión, Naomi sospechó con más fuerza que Lydia le ocultaba algo. Aunque Naomi le pidió que subiera y se acomodara en el asiento del copiloto, Lydia no se movió. Se quedó afuera