—¿Cómo?
—Tan... amable con los desconocidos.
Lydia masticó despacio antes de responder.
—No. No suelo tratar así a cualquiera.
—¿Entonces por qué yo?
—No sé —dijo Lydia sin darle importancia—. Tal vez sea el destino.
Esa respuesta dejó pensativa a Naomi.
Para aligerar el ambiente, Lydia se puso a hablar de cosas pequeñas y cotidianas. De una mujer llamada Althea que, en su opinión, tenía una paciencia fuera de lo común. De unos niños que llenaban la casa de ruido cada mañana. De una niña que una