La puerta de la habitación del hotel se abrió. Alguien entró a toda prisa en la suite principal y una ráfaga de aire frío se coló desde el pasillo antes de que la puerta alcanzara a cerrarse.
Cale entró primero, todavía con el mismo traje con el que había salido esa mañana. Su expresión era indescifrable, pero la tensión de su mandíbula delataba el esfuerzo que hacía por contenerse.
Detrás de él venía Vincent, con la respiración estable, como si subir varios pisos corriendo fuera algo cotidiano.