La puerta de la habitación no estaba cerrada del todo. Lydia lo notó desde el principio, pero no pensaba aprovecharse de eso. Solo quería un momento para serenarse, para acallar esa inquietud que llevaba rato sintiendo, difusa pero persistente. Pero entonces escuchó su voz.
Cale. Y así, se detuvo antes de avanzar. Se quedó inmóvil detrás de la puerta, escuchando.
Su esposo hablaba por teléfono. No sabía con quién, pero por el tono, parecía hablar con alguien cercano y de confianza. Quizá uno de