Daven rio.
—Estaba intentando convencerte.
—Una forma muy terca de convencerme.
—¿Te arrepientes de haber venido?
Althea desvió la mirada hacia la ventana y luego sonrió.
—Para nada.
Se quedaron un momento en silencio.
—El restaurante no queda lejos de la oficina —continuó Daven—. Creo que te va a gustar.
Su tono sonaba más relajado que de costumbre, y Althea se dio cuenta de que, después de un día tenso, esa simple conversación fue el primer respiro que pudo tomar en toda la jornada.
—Eso esper