La curiosidad seguía ahí, pero Eli prefirió callar. Al menos por ahora.
A su lado, Althea iba tranquila, en silencio. No había hablado mucho desde que salieron; solo miraba a Eli de vez en cuando, con discreción, para asegurarse de que estuviera bien sin que se sintiera observada.
—Si te sientes incómoda —dijo Althea, rompiendo el silencio—, podemos volver cuando quieras.
Eli se volvió hacia ella.
—No —respondió sin pensarlo, y luego bajó la voz—. Yo... quiero verla.
Althea sonrió apenas.
—Está