El edificio principal del Grupo Callister ya estaba en plena actividad cuando Daven llegó. Los empleados que se cruzaban con él lo saludaban con respeto, pero él apenas les hacía caso. Con paso firme, fue directo al ascensor privado, que lo llevó hasta el piso ejecutivo.
No tardaron en abrirse las puertas del ascensor. Al salir, Arven ya lo esperaba, con expresión seria. Detrás de él, la puerta de la sala de juntas principal estaba entreabierta.
—Ya están adentro —dijo Arven con sequedad.
Daven