En la casa de los Miller, las mañanas solían empezar con calma, como de costumbre.
El sol apenas se asomaba cuando el personal empezó a preparar el desayuno en el comedor principal. El aroma del pan tostado y de la sopa caliente llenó poco a poco el lugar y se mezcló con el olor intenso del café recién hecho.
Eli ya estaba sentada a la mesa cuando Nathan entró por el corredor.
Esa mañana se había arreglado. Llevaba el cabello largo recogido con sencillez, un suéter color crema y una falda oscura