La pregunta de Cale los hizo intercambiar miradas. Durante unos segundos interminables, el ambiente se cargó de inquietud. Nadie supo responder. Nadie parecía seguro de qué decisión sería la correcta esta vez.
Daven no respondió enseguida. Seguía con la vista clavada en la pantalla, que repetía las imágenes en las que empujaban a Harold dentro de un vehículo policial. Los flashes de las cámaras estallaban sin tregua y cortaban la escena con luz blanca. Esa cara golpeada se había vuelto el símbol