Althea bajó primero y se volvió hacia Eli. Esta vez, casi sin dudarlo, Eli la siguió y caminó a su lado.
Avanzaron juntas hacia la entrada. Adentro, todo se veía ordenado. Algunos estudiantes pasaban con libros en la mano; otros estaban sentados en espacios abiertos, conversando en voz baja.
No había demasiado ruido. Todo se sentía tranquilo y acogedor. Eli observaba todo y se fijaba en cada detalle.
—Qué tranquilo es todo... —murmuró sin darse cuenta.
Althea la miró de reojo.
—¿Te gusta?
Eli no