Todos seguían atentos el avance de la noticia. En la televisión, Harold intentó girar la cabeza para decir algo cuando uno de sus antiguos subordinados habló ante la prensa. Pero nadie lo defendió. Nadie guardó silencio para protegerlo.
Hablaban sin reservas y se atenían a los hechos, aunque se les notaban el miedo y la cautela. Como si alguien, en algún lugar, los estuviera observando. Por eso ya nadie estaba de su lado. No como antes.
El reportero volvió a hablar.
—Ante el creciente número de