A Eli se le iluminó la mirada sin que pudiera evitarlo. Althea, que caminaba a su lado, notó el cambio enseguida. Esbozó una sonrisa y preguntó:
—¿Los alumnos pueden usar estas instalaciones fuera del horario de clases?
—Por supuesto —respondió el director—. Con supervisión, claro. Queremos que realmente comprendan, no que solo memoricen.
Althea asintió, complacida.
Luego siguieron hacia la sala de música. Ya desde afuera se oía un piano suave al otro lado de la puerta. Cuando abrieron la puerta