La llamada terminó.
Selena se volvió hacia el comedor. Adentro, nadie parecía notar su ausencia. Hasta hacía un momento, esa indiferencia la había sacado de quicio. Pero ahora, después de esa llamada, volvía a sentirse segura.
Regresó a su lugar y miró a Eli, que conversaba a gusto con Althea y Lydia.
“Esta niña sí que se está aprovechando”, pensó Selena con amargura. “Ya se le olvidó quién la trajo hasta aquí”.
—Eli.
Al escucharla, la niña se volvió.
Hasta hacía apenas unos instantes, Eli se ve