Eli no sabía qué decir. Las palabras de su madre tensaron a todos. Hasta entonces el momento había sido cálido, cariñoso y apacible.
Seguía de pie junto a Althea, con los dedos aferrados al borde de su camisa. Aún sentía la calidez de aquel abrazo cuando Selena volvió a hablar.
—¿No escuchaste lo que dijo tu madre? —Selena esbozó una sonrisa burlona, casi imperceptible.
No hacía falta preguntar cuánto la irritaba la situación. Ver que Eli se le escapaba cada vez más de las manos la enfurecía.
—Y