Se inclinó más hacia ella y bajó la cabeza lo suficiente para que lo sintiera cerca, ahí con ella.
No le soltó la mano ni un segundo, ni cuando el médico daba indicaciones ni cuando el tiempo parecía estirarse y acelerarse a la vez.
Daven se quedó a su lado. No apartó los ojos de Althea y, por primera vez en su vida, se sintió impotente.
No podía quitarle el dolor ni cargarlo por ella. Solo podía... soportarlo a su lado.
—Respira... ahora...
El médico habló con voz firme y tranquila. Althea obed