—¡Ya llegué! —anunció Felicia con alegría apenas entró al comedor.
Desde que aterrizó en el Aeropuerto Internacional de Solaviz, Felicia había querido llegar a la residencia Miller lo más rápido posible. Le pidió al chofer que la había recogido que pasara primero a comprar varias cajas de pizza y luego la llevara allá. A Josh le encantaba la pizza. Extrañaba muchísimo a sus sobrinos y a esa familia que tanto quería.
La cena de esa noche estuvo más animada que de costumbre, en gran parte gracias