Lydia abrió despacio los párpados, que le pesaban muchísimo.
La luz del sol que se filtraba por las cortinas traslúcidas la deslumbró y la obligó a cerrar los ojos durante unos segundos.
Le palpitaba la cabeza y se sentía tan débil como si no le quedara una gota de energía. Exhaló despacio para intentar calmar el corazón, que aún le latía de forma irregular.
Percibió el fuerte olor característico de un hospital, pero más bien se mezclaba con la fragancia de la madera de pino y el tenue aroma a c