El silencio volvió a apoderarse de la noche. Solo se oían el viento que barría la pista de aterrizaje y el tenue zumbido de los motores encendidos a lo lejos.
Falcon suspiró. Observó una a una las caras que tenía delante y esbozó una mueca de desprecio.
—Creí que eran más inteligentes.
Sonrió con sarcasmo.
—O... —preguntó mientras recorría con la mirada toda la fila de efectivos—, ¿de verdad están dispuestos a sacrificar a una mujer?
Naomi cerró los ojos. Los latidos del corazón le retumbaban en