—¿Cale? —preguntó Lydia con voz ronca.
Cale exhaló despacio. Se frotó la cara con frustración y se acercó a Lydia. Lo que más deseaba era estrecharla entre sus brazos, pero al ver lo frágil que se veía su esposa, se contuvo.
—No te muevas —le dijo mientras le sostenía el hombro al verla intentar incorporarse de nuevo—. El doctor dijo que aún no estás del todo estable.
Pero Lydia no parecía prestarle atención. Recorrió la habitación con la mirada, angustiada, como si esperara encontrar a alguien