Daven rio.
—Sí, comí. Cené con Arven hace un rato.
—Al menos no te saltaste la cena. —Althea rio—. Bueno, entonces te voy preparando el baño.
—No hace falta. —Daven la detuvo—. Debes estar cansada después de encargarte de todo lo demás. Yo puedo con esto. Siéntate y espérame.
Althea lo miró, sin poder ocultar la preocupación.
—Hablo en serio. —Daven le dio un beso breve en la frente—. Disfruta tu té, mi amor. No tardo.
—Está bien —cedió Althea al fin.
Quería decirle algo más, pero Daven ya se ha