—Buenas noches, Grace —susurró Althea y le dio un beso cariñoso en la frente a su hija.
Dejó la lámpara del buró con una luz suave y reconfortante, comprobó que Grace estuviera bien arropada y ajustó la temperatura del cuarto para que se sintiera acogedor.
Grace ya se había quedado dormida después de su cuento de siempre, aunque más de una vez había preguntado por su padre, que todavía no llegaba a casa. Althea la tranquilizó con dulzura y le explicó que papá tenía mucho trabajo en la oficina.