Althea y Daven intercambiaron una mirada, desconcertados por la llegada de Lydia a esas horas. La conversación, tensa unos momentos antes, perdió algo de tensión. Aun así, Althea no pensaba ceder. No soportaba la idea de que su esposo cargara solo con semejante peso. Aunque no pudiera hacer mucho, al menos podía escucharlo.
—Sí, Lydia. Pasa —respondió Althea.
Lydia llevaba un buen rato inquieta. Ya no podía guardárselo más.
—Ah… ¿interrumpo? —preguntó incómoda—. La verdad, podría hablar de esto