En otra parte de la ciudad, Cale se dirigía hacia un lugar que solía frecuentar. Iba al volante, con las manos firmes y los ojos puestos en el tráfico. El celular vibró en la consola central. El nombre de Erick apareció en la pantalla.
—¿Qué pasa? —preguntó Cale sin rodeos apenas atendió. La carretera se extendía hacia las afueras al oeste de Solaviz.
—Encontramos una conexión bastante clara —dijo Erick, tenso—. El médico que firmó la prueba de ADN inicial tiene antecedentes de reuniones con Har