Oscar desvió la mirada.
—Dilo antes de que pierda la paciencia —dijo Cale, sonriendo—. Conoces bien este lugar, ¿no? No hay salida.
Oscar gruñó, frustrado, sin quitarle los ojos a Cale. Volvió a recorrer la habitación, como venía haciendo desde que lo habían traído. Ese era un lugar que Cale solía usar para conseguir lo que quería, por los medios más sucios e inesperados. Porque muchos conocían a Cale como un hombre digno que dirigía varias filiales del Grupo TnC, pero otros lo conocían como un