Eli apartó la cara. Su madre no se equivocaba. ¿Por qué no lo había pensado? Silvia, de pie a poca distancia de ellas, bajó la cabeza y prefirió callar. El cuarto se volvió opresivo. Eli apretó el borde de su toalla con los dedos temblorosos.
—Si eso pasa, no vas a poder esconderte —continuó Selena—. Tienes que empezar a acostumbrarte a que la gente te vea. ¿Entiendes?
Eli respiró hondo.
—No me gusta, mamá.
Selena la miró con los ojos entrecerrados.
—No tienes opción.
Eli quería protestar con to