La noche ya estaba muy avanzada cuando tres autos entraron a la residencia de la familia Miller. Las luces del jardín brillaban con suavidad y proyectaban sombras sobre el sendero de piedra. Daven bajó primero, seguido de Cale y Nathan. Se les notaba el cansancio, pero seguían caminando con paso firme, como si cada uno guardara pensamientos que aún no lograba procesar.
—Buenas noches, señor —los saludó Albert. El mayordomo principal de la casa Miller se adelantó enseguida.
—¿Mi esposa ya se durm