El silencio volvió a llenar la habitación. Eli agachó más la cabeza. Quería desaparecer. No quería seguir escuchando esa conversación. No tenía calidez ni bondad, solo tensión y una presión asfixiante.
Selena se echó hacia atrás en la silla.
—Bien. Quizá debí presentarme ante Chase en ese entonces, ya embarazada, para que me creyeran. Para que creyeran que Chase y yo compartimos momentos felices y que Chase prometió darnos una vida digna, sobre todo a su hija.
—¿Alguna promesa de mi hijo quedó p