—Entonces nos vemos en la casa, señor Miller —dijo Selena con una reverencia cortés—. Y tú, no olvides despedirte de tus abuelos. No dejes que piensen que no quieres pasar tiempo con ellos.
Al escucharla, Eli volteó a mirar a su madre con incredulidad. De todos modos, hizo lo que le pidieron. Se despidió; la reunión había llegado a su fin.
La conversación le dejó el estómago revuelto.
Por eso, los platos de la mesa, por deliciosos que fueran, de pronto le supieron insípidos. Cuando le pidieron q