—Señorita Eli, su desayuno está listo. —Silvia llamó suavemente a la puerta del cuarto de Eli.
En la sala, Selena ya estaba ahí, arreglándose el cabello frente al espejo.
—¿Todavía no se ha despertado? —preguntó Selena, chasqueando la lengua con impaciencia.
—Todavía no, señora. —Silvia suspiró apenas—. Intentaré llamarla otra vez.
—No hace falta —la interrumpió Selena—. Tú sigue con tu trabajo. Mi cuarto sigue hecho un desastre. Cambia las sábanas y la cobija. Y el aromatizante del cuarto… no m