—Lo sé. —Althea lo rodeó con los brazos, anclándolo—. Lo sé, Dav. Pero no estás solo.
Daven apoyó la frente en su hombro, con la respiración temblorosa.
—Me aterra perderla.
Althea le frotó la espalda, suave.
—Vamos a enfrentar esto juntos.
—Tengo miedo —susurró él con la voz quebrada. La apretó más fuerte y respiró el aroma familiar de su esposa como si fuera lo único que lo mantenía en pie.
—Chris me ayudó a recoger a los niños —murmuró Althea cuando sintió que se calmaba un poco.
—Ah… ¿sí?
Jo