—Por aquí, señor —dijo Arven, guiándolo hacia la unidad de emergencias para ganar tiempo.
El trayecto al hospital fue una agonía. Arven jamás imaginó que algo así pudiera ocurrir.
Otra vez.
El pasillo de urgencias esa noche parecía un campo de batalla: ruedas de camillas chirriando, enfermeras gritando órdenes apresuradas, monitores pitando con ritmos desiguales. Daven entró corriendo, la respiración entrecortada, la cara sin una gota de color. Su camisa estaba desarreglada y el pánico le descom