—Grace, cariño, ¿segura que no quieres traer tu osito de peluche?
Althea hablaba con suavidad mientras le acomodaba un pequeño sombrero de sol en la cabeza a su hija de cuatro años.
—No hace falta, mami. Al osito le da miedo cuando llueve —rio Grace, balanceando su bolsita en forma de conejito sobre el hombro.
Josh, recostado en el sofá, le levantó una ceja.
—Grace, la semana pasada dijiste que el osito era valiente.
—Es valiente cuando está con papi —respondió Grace enseguida—. Pero papi está o