El sol del atardecer se hundía despacio y bañaba el patio trasero con un suave resplandor dorado. Althea estaba sentada en el pequeño columpio, acunando a Grace en sus brazos, mientras Josh corría por el jardín y embellecía el momento con su risa. Del otro lado, Lydia descansaba en una silla de jardín, con el bastón apoyado contra la banca. Se veía tranquila, pero sus ojos observaban en silencio.
—Josh no para de crecer —comentó Lydia con una sonrisa—. Todavía me acuerdo de cuando le daba miedo