Capítulo 295
—¿Entonces… voy a pasar toda mi vida en una silla de ruedas?

Lydia apenas habló por encima de un susurro, ronca, temblorosa, pero bastó para hacerle pedazos el corazón a Althea. Estaba sentada junto a la cama, paralizada, sin saber si su propia voz aguantaría firme si llegaba a hablar.

La habitación estaba en silencio, y solo el aire hacía que las cortinas blancas se movieran apenas, como un aliento contenido. Sobre la mesita junto a la cama había un florero con flores marchitas que se inclinaba
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Elda Marquezde verdad que hay mucho chismorreo para una jarra de café, porque una taza no alcaza
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