—Por fin… volvimos a casa, Josh.
Althea sonrió de oreja a oreja, parada frente a esa puerta tan familiar, la que sentía no haber cruzado en una eternidad.
Desde que el caso arrastró su nombre al escándalo público, ella y Josh habían estado bajo la protección de los Miller. Rodeados por su calidez, por las palabras de aliento constantes de Chase, por una seguridad que ella no sentía hacía años. Estaba muy agradecida por todo eso.
Pero esta vez Althea tomó una decisión que ni ella misma vio venir.