Capítulo 28
Vanessa volvió a levantar la mano, esta vez cegada por la furia. Quería dejarle la marca; con suerte, hasta le reventaría el labio a Althea.

—¡Ya basta, Vanessa!

Daven la alcanzó a sujetar de la muñeca en el aire, impidiendo que el segundo golpe diera en el blanco.

Vanessa lo miró incrédula.

—¿Qué estás haciendo, Daven?

—Detente. —Él le apretó la muñeca con un poco más de fuerza, no por enojo, sino para dejarle claro que no permitiría otro arrebato.

Pero la paz ya era imposible. Vanessa temblaba
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