El auto que llevaba a Althea avanzaba a toda velocidad por la avenida, pegado a la ambulancia que iba adelante. No despegaba la mirada de las luces intermitentes y se retorcía las manos sobre el regazo en un intento desesperado por aliviar la angustia que la carcomía, aunque era inútil. Se le nublaba la mirada con lágrimas que no lograba contener. A su lado, un empleado del hotel intentaba calmarla, sin éxito.
—¿No podemos ir más rápido? —Se le quebró la voz mientras se secaba las mejillas. La m