El mensaje de Chris seguía en su celular, y la promesa de que empezaría a ayudarla con los preparativos de la boda cuando regresara a Portclair aliviaba parte de la carga que Naomi soportaba desde hacía una semana.
Lydia, que disfrutaba de su desayuno, notó el cambio. Levantó la cabeza y observó a Naomi unos segundos antes de sonreír.
—Te ves diferente esta mañana.
—¿Diferente en qué? —Naomi apartó una silla de la mesa.
—Más radiante.
—Es que estoy feliz.
—¿Chris te escribió? —Cale, que estaba s