—¿Crees que me gusta ver a toda la universidad atacándote? —sollozó Natalie con más fuerza, y miró a Eli con cara de dolor fingido—. Siempre estuve a tu lado cuando todos los demás te dejaron, Eli. Te defendí cada vez que la gente hablaba de ti. ¿Y ahora? ¡Dudas de mi sinceridad delante de todos!
—Guárdate tus lloriqueos, Natalie —replicó Eli sin moverse de donde estaba. Ya no la perturbaban los sollozos que antes siempre conseguían hacerla sentir culpable—. No te hagas la víctima. Solo quiero s