Dayana
Abrazaba por la espalda a Dante mientras íbamos por la carretera en dirección a la clínica.
«Ahora eres mía, Dayana». Eso había dicho. —Lo abracé con más fuerza. ¡Por fin! Espero Victoria no se llene de resentimientos y pueda escuchar a Enrique y se dé la oportunidad de sentir lo que ahora estaba sintiendo con su hermano. Entre Isaac y Milena no creo que surja nada.
—No voy a salir volando.
Le apreté los testículos; lo escuché reír. Veinte minutos después se detuvo en frente de la clínica. Con cuidado me bajé, el malestar continuaba.
—Gracias por traerme. —sonrió un poco.
—¿Vas a doblarte como ayer? —No se le pasa nada.
—No, lo hice por Melisa. Hoy veremos si la dan de alta con cuidados de enfermera. Así que solo haré mi turno normal.
—Paso por ti después del mediodía.
—No sabía que detrás del caparazón del hermético Dante Sandoval había un atento novio.
Me tomó por la pretina del jean, para acercarme a él y morderme el labio inferior, y eso alteró mi respiración. Estaba pasan