Dayana
Abrazaba por la espalda a Dante mientras íbamos por la carretera en dirección a la clínica.
«Ahora eres mía, Dayana». Eso había dicho. —Lo abracé con más fuerza. ¡Por fin! Espero Victoria no se llene de resentimientos y pueda escuchar a Enrique y se dé la oportunidad de sentir lo que ahora estaba sintiendo con su hermano. Entre Isaac y Milena no creo que surja nada.
—No voy a salir volando.
Le apreté los testículos; lo escuché reír. Veinte minutos después se detuvo en frente de la clíni