Melisa
El cuerpo me dolía por los golpes recibidos gracias a los amigos de esa escoria, quien no se enfrentó a mí solo, el muy hijo de puta mandó a sus colegas enfermos primero. Di la pelea hasta donde pude y, al verme débil, se metió. En el momento en que me pagaba, llegaron Enrique y Milena, quienes me los quitaron de encima.
Mi amigo se encargó de partirle la nariz a uno y a otro los dientes. Parecía su saco de boxeo. Era evidente que Roland le había enseñado a golpear diferente; se veía más