Dayana
Roland nos había mandado a llamar y nos pidió a Milena y a mí usar los trajes por si debíamos dar apoyo. Cuando llegué, Milena me miró y vi algo de miedo en sus ojos. En las pantallas se veía una casa estilo mansión a las afueras de Blanco, según las coordenadas que aparecían en la parte superior de la pantalla. El lugar tenía un gran espacio para poner vehículos.
—Toma tu puesto, Dayana; Milena, deja lo que estás haciendo y ponte en el computador del satélite para dar apoyo.
—Señor, e