Milena
Haku llamó a Dante, los dos nos encontrábamos en el cuartel. El tío había tomado el día para descansar y mi jefe quedó al frente. Dos equipos ya estaban instalados en las ciudades de las respectivas mafias, a la espera de las órdenes. Estaban en un hotel y también había casas de seguridad por si algo se salía de control.
Ahora más que nunca debíamos cuidarnos las espaldas. Por eso me había encargado de que tuvieran carros, motos, helicópteros, porque debían salir con premura. Al mirar a