Sebastián
Esta mierda no podía ser cierta. Simón estaba de copiloto y mi padre iba atrás con el pendejo durmiente, desde hace media hora nos estaban atacando, aunque no nos hemos dejado. Ya todos nos encontrábamos aquí e íbamos a abrirnos paso ante los carros que no han dejado de dispararnos.
Augusto y yo quedamos de primeros, pero los proyectiles fallidos hacia los autos de nuestros amigos le hicieron cambiar la orden a Simón. Por eso les pidió a los carros que se ubicaran detrás de nosotros.