Enrique Sandoval
Le di la vuelta, reventé su cara contra el vidrio de la mesa, lo amordacé. Debe estar consciente para que Davis le lea sus derechos, dado que este tenía un compromiso con la autoridad estatal. Lo empujé. Al llegar a la planta baja, escuché a Dante decir que ya se dirigían con la carga para el aeropuerto y Daniel había sido recogido.
—¿Quiénes son ustedes?
—El dolor de culo, para los pedófilos y violadores de seres inocentes.
—Yo no soy nada de eso.
—Pero te prestaste a ayudar a